¿Cuántos "el lunes empiezo" llevas ya?
La culpa era de los programas. No tuya.
Entrenamientos de 30 minutos, comida real y una comunidad de madres que sí te entienden.
Sin gimnasio. Sin dietas. Sin culpa.
Creado por Tere: 25 años como entrenadora, dos hijos y cero paciencia para las soluciones milagro.
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(¿Prefieres leer? Sigue bajando. Aquí nadie obliga a nadie.)
Son las diez y media de la noche.
Los niños por fin duermen. La cocina está a medias, la lavadora pita, y tú pasas por delante del espejo del pasillo.
Y ahí está. Esa mirada rápida, de reojo. La camiseta que te estiras hacia abajo sin darte ni cuenta.
Y la frase. Sí, esa. La misma que te ha hecho pararte cuando has llegado a esta página. Lo has dicho más lunes de los que puedes contar. Y no ha funcionado.
Y en el fondo, muy en el fondo, crees que la culpa es tuya. Que te falta fuerza de voluntad. Que las demás pueden y tú no.
Pues te voy a decir algo que probablemente nadie te ha dicho todavía.
No es tu culpa.
La dieta que dejaste a los diez días no estaba pensada para alguien que cena lo que sobra del plato de sus hijos.
El gimnasio al que dejaste de ir no estaba pensado para alguien que no sabe si esta noche dormirá cuatro horas o seis.
Y los vídeos de ejercicios de una hora no estaban pensados para alguien a quien interrumpen quince veces con un “¡mamáááá!”.
Todo eso está diseñado para una mujer con tiempo, con energía y sin nadie colgado del brazo. Una mujer que, seguramente, ya no eres.
Llevas años intentando aplicar soluciones de mujer soltera a problemas de madre.
Y eso no falla porque tú falles. Falla porque está mal diseñado desde el principio.
Lo sé porque a mí me pasó. Y eso que yo era entrenadora.
Llevo 25 años dedicándome a esto. He entrenado a miles de personas. Mi vida eran las clases, las rutinas, los horarios perfectamente cuadrados.
Y entonces me quedé embarazada. Dos veces.
De repente, la instructora que tenía respuestas para todo el mundo no tenía ninguna para sí misma.
Me miraba al espejo y no me reconocía: hinchada, con ojeras de mapache y una ropa que había decidido dejar de cerrarse por su cuenta.
Hice lo que sabía hacer. Rutinas intensivas de gimnasio: imposibles con dos pequeños. Dietas estrictas: me dejaban sin gasolina para ser madre. Clases de una hora: ¿una hora?, ja.
Nada funcionaba. Yo, la profesional del fitness, la que siempre tenía respuestas para todos, estaba completamente perdida.
Hasta que una noche, agotada, lo entendí:
Estaba intentando aplicar soluciones de mujer soltera a problemas de madre.
Necesitaba algo distinto. Algo que asumiera que mi tiempo era poco, que mi sueño era un desastre y que mi suelo pélvico ya no era el mismo.
Ese sistema no existía.
Así que lo creé yo.
Así nació el Club MamaFit.
¿Y qué es exactamente el Club MamaFit?
Es el sistema de entrenamiento y alimentación que a mí me habría salvado hace quince años. En cristiano:
- Sesiones de 30 minutos que haces en el salón de tu casa, cuando tú puedas. A las 5:30 de la mañana o a las diez de la noche.
- Comida real, sin pesar gramos ni contar calorías. Con el menú de la semana resuelto para que no tengas que pensar qué hacer de cenar.
- Ejercicios adaptados a un cuerpo que ha pasado por embarazos: suelo pélvico, abdomen, espalda. Aunque tu posparto fuera hace diez años.
- Y una comunidad de madres de verdad, donde nadie compite con nadie y donde alguien te contesta cuando escribes.
Todo pensado desde el minuto uno para tu vida real. No para la que tenías antes.
Esto es lo que cambia. Y no lo digo yo: lo dicen ellas.
Volver a ponerte esos vaqueros del armario. Como Diana, que hoy usa dos tallas menos sin vivir en el gimnasio.
Desayunar como en un hotel de cinco estrellas... y que la comida deje de ser el enemigo. Pregúntales a Eva y a María.
Recuperar la energía de antes. Jennifer pasó de arrastrarse por las mañanas a seguirle el ritmo a su hijo adolescente. “Por fin puedo con él”, dice entre risas.
Que tu cuerpo responda sin pasar hambre. Como Mónica: “Ya no tengo que matarme de hambre para encontrarme bien”.
Entrenar cuando TÚ quieras. Ruth y Eva, nuestras madrugadoras, entrenan a las 5:30. Otras, cuando los niños se duermen. Tú eliges.
Comer con tu familia y tus amigos sin culpa. Lorena ya no cocina dos menús ni lo pasa mal en las celebraciones. “He aprendido a disfrutar de la comida sin obsesionarme”.
Un suelo pélvico de acero. Saltar a la comba, estornudar o reírte a carcajadas sin “accidentes”. Que sí, que se puede. Pregúntale a Laura.
Y una comunidad que te entiende. Aquí nadie compite con veinteañeras de gimnasio. Todas sabemos lo que es sacar tiempo de donde no lo hay.
Lo que pasa cuando juntas a un grupo de mamás que están hasta el moño de las dietas milagro.
Todo esto te espera dentro:
- 📲 La app del Club, gratis. Tus entrenamientos en el bolsillo: para el salón, el parque o el pasillo.
- 🤗 Acompañamiento diario en el grupo de Telegram. Escribes a las siete de la mañana y alguien te contesta. Aquí no estás sola.
- 💪 Entrenamientos nuevos cada mes. Para que ni tú ni tu cuerpo os aburráis.
- 📺 MamaFit Live. Una sesión al mes entrenando todas juntas, en directo.
- 🍽️ Menú semanal, cada jueves. La pregunta “¿qué hago de cenar?”, resuelta de una vez.
- 🥧 Menutres: recetas y videorecetas, cada miércoles. Comida de verdad que se hace en el tiempo que tienes.
- 🍪 Galletas Cookies. Audios con consejos de nutrición y bienestar, con mi gracia natural de propina.
- 🧩 Una vez por semana, en directo: resolvemos dudas y celebramos victorias. Las tuyas también.
- ☯️ Mindfulness, cada domingo. Diez minutos de meditación guiada para empezar la semana entera, no rota.
¿Y ahora qué? Ahora, hablamos tú y yo.
Mira, podría ponerte aquí un botón de “COMPRAR AHORA” y dejarte a tu suerte. Pero eso sería como darte las llaves de un Ferrari sin enseñarte a conducir.
Y así no trabajo yo.
Porque cada madre es un mundo. Lo que le funciona a Eva, que entrena a las 5:30, puede ser un infierno para ti. Y lo que le va genial a Mónica, con sus tres peques, quizá no encaje con tu rutina.
Por eso, antes de hablar de nada más, quiero conocerte.
En una sesión de orientación gratuita —una charla de tú a tú, sin mirar el reloj, que las cosas importantes llevan su tiempo— vamos a:
→ Hablar de cómo estás ahora mismo, de verdad. Sin postureos ni rollos raros.
→ Ver qué es lo que te está frenando: el tiempo, el cansancio o ese “no sé ni por dónde empezar”.
→ Buscar juntas una forma de cuidarte que puedas mantener sin volverte loca.
→ Y ver, con toda la honestidad del mundo, si el Club MamaFit encaja contigo. Si no encaja, te lo diré yo primero.
¿Por qué hago esto? Porque yo también estuve donde tú estás: perdida, frustrada y harta de soluciones que no funcionaban. Y si algo aprendí es que cada transformación es única. Como cada mamá, como cada hijo, como cada familia.
La sesión es gratis, pero es mi tiempo, y hago pocas a la semana porque las hago yo, de una en una. Resérvala cuando de verdad quieras darle una vuelta a esto.
Lo que pasa cuando juntas a un grupo de mamás que están hasta el moño de las dietas milagro.
Mi promesa:
Antes de 90 días te mirarás en ese espejo del pasillo y, en vez de suspirar, te saldrá solo:
“Joder... por fin me reconozco.”
Y cuando tu hijo te rete a una carrera hasta el portal, vas a ganar tú.
Preguntas que te estarás haciendo:
¿Hay dietas?
¿Necesito experiencia previa en ejercicio?
¿Cuál es el horario de los entrenamientos y cómo son?
¿Y si estoy demasiado fuera de forma?
¿Y si tengo problemas de espalda/rodillas, o alguna lesión?
¿Y si no me siento motivada?
¿Y si tengo dudas?
¿Cuándo empiezo?
¿Cómo accedo a los materiales?
¿Y si falto a algunas sesiones?
¿Cuánto cuesta?
¿Cómo se paga?
¿Puedo pedir la devolución?
¿Vale realmente la pena?
Esta noche, cuando los niños se duerman, volverás a pasar por delante de ese espejo del pasillo.
Puedes hacer lo de siempre: la mirada de reojo, el suspiro y el “el lunes empiezo”.
O puedes hacer que este sea el último “el lunes empiezo” de tu vida.
El espejo va a seguir ahí. La que decide qué ve eres tú.
P.D.: No te voy a decir que las plazas vuelan ni que esta página desaparece a medianoche. Te digo la verdad: hago pocas sesiones a la semana porque las hago yo, de una en una. Cuando se llenan, toca esperar a la siguiente semana. Nada más... y nada menos.
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